Rock en el lubricentro

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Hace unos meses, como preparativo del auto para las vacaciones, era necesario cambiar aceite, filtro de aceite, filtro de aire y de nafta, lo de costumbre. Busqué un lubricentro al azar. Salió de la tómbola un negocio cercano a mi casa, en Munro. Fui. Entré, saludé. Eran tres personas atendiendo, solo una respondió el saludo, un hombre de más de 50, buena onda. Me pidió que entrara el auto.Los otros dos eran sus hijos, según supe después; uno de más de 20 que estaba en de la fosa y otro, de menos de veinte, que acomodaba productos en unas góndolas. Ambos tatuados, pero el más chico estaba muy tatuado. Muy. Y tenía un disco blanco implantado el el lóbulo de cada una de sus orejas. También había una tele en el canal VH1. Mientras yo esperaba, acodado en el mostrador, que el hermano mayor termine el cambio de los filtros, ocurrió la sana charla, habitual en nuestra patria. Trascribo el diálogo del lubricentro, casi completo.

(Pasaban el video “Dancing Queen” de ABBA en la tele)

Padre.- Estos de Abba… ¡Que insoportable!

Hijo menor.- Vuelvo a poner los Simpson, entonces.

Padre.- No, me tienen podrido esos dibujitos. (Dirigiéndose a mí) No los soporto, está todo el día con esa pelotudez, me vuelve loco. No sé, están a cualquier hora, cualquier día.

Hijo mayor (desde la fosa).- Qué ganas de escuchar música de putos, loco, sacá esa mierda.

Hmenor.- Ya está, ya pasó. ¡Escuchá! (Pasan “Revel” de Bowie). Un capo, escuchá.

Hmayor.- Ahora es música de medio puto, no puto del todo.

Hmenor.- Eh, zapato, el tipo puede ser homosexual pero no tiene nada que ver, ¿no? (se dirige a mí como dándome pie a que confirme sus palabras. El mayor hablaba serio, guardando un gesto duro, acompañado por su fisonomía. El menor era flaco y un poco desgarbado, se mostraba impertinente pero más gracioso que ofensivo.

Yo.- Eh… A mí me parece que hay gente que hace música, que puede ser heterosexual, homosexual o lo que fuera y por otro lado está la música que hace, que le puede gustar a cualquier persona, de cualquier sexo y condición sexual. ¿Qué se yo? Arjona escribe pensando en su negocio, que es gustarle a las mujeres, y seguro que hay un montón de hombres a los que les gusta Arjona.

Hmenor.- Claro, claro, es cierto eso.

Se hace un breve silencio. El menor me mira con cierta distancia, o por lo menos es lo que yo percibo, atento al posible prejuicio que estaba generando con mis palabras.

Hmenor.- ¿A vos te gusta Arjona?

Yo (cagándome de risa).- No, para nada. Bowie sí me gusta.

Hmayor (desde el foso).- ¿Cómo le va a gustar Arjona, boludo?

Hmenor.- Ah, okey.

Padre (a mí).- Más raro que la mierda era este Bowie. Ahora se escucha más, pero cuando éramos jóvenes no nos gustaba tanto, no lo entendíamos, pienso.

Yo.- Igual, no es que ahora los chicos escuchan mucho a Bowie, me parece.

Padre.- Puede ser, hay que ver qué escuchan. Este (señalando al menor) se escucha todo y el otro también y mucho de lo que escuchaba yo.

El menor ya había abandonado definitivamente la tarea de acomodar productos en las estanterías. Era notable la forma en que preguntaba a su padre acerca de su vida, como si casi no lo conociera.

Hmenor (riéndose).- ¿Qué, pasaban rock en Uruguay?

Padre.- Yo era rockero, re rockero, no sabés. Si me acuerdo de Woodstock…

Yo.- ¿Estuviste en Woodstock?

Padre.- No, lo vi por la tele, pero no me olvido más, fue increíble.

Hmenor.- Entonces no eras zarpado de rockero; si no, hubieras ido.

Padre.- No, en esa época no se podía viajar así nomás, no teníamos un mango, no se viajaba como ahora.

Como una señal para el sostén de conversación, en VH1 empezaron a pasar a Jimi Hendrix tocando en vivo “All along the watchtower”. Padre, hijo menor y yo mirábamos la tele, esperando a que el mayor saliera de la fosa.

Hmenor (mirando la tele).- Qué hijo de puta, qué grosso, cómo tocaba. ¡Lo que hizo este chabón!

Hmayor (desde la fosa, asomando la cabeza).- Y mirá que salen músicos, guitarristas todo el tiempo en todo el mundo, y no hay caso, no le llega ninguno a los talones.

Yo.- Y eso que era re joven cuando murió… Ahora están editando cosas muy buenas que quedaron grabadas en su estudio, ya sacaron dos discos y creo que queda otro.

Hmenor (como aliviado).- Ah, está bien, no te gusta Arjona.

Padre.- Como mi viejo, el abuelo, que murió joven.

Hmenor (asumiendo el dato que dejaba el padre en el aire).- Murió a los 27, también.

Padre.- No, no tan joven. Mi viejo tenía un poco más, treintipico. Yo tuve que ir a identificar el cadáver, no me lo voy a olvidar más.

Hmenor.- Uh, qué feo, la puta madre.

Yo.- Veo que te estás enterando lo de tu abuelo…

Padre.- No, si ya se lo conté otras veces, lo que pasa es que no me da bola.

Hmenor (serio, a su padre).- ¿Y tenía un tarjetita atada en el dedo gordo del pie?

Padre.- Sí, tenía la tarjetita. Se había muerto de un cáncer de próstata y mis hermanos no querían ir a identificarlo, así que fui yo. No me voy a olvidar más.

Sin nada que yo pudiera aportar al tema, empezó a sonar “L.A. Woman” por The Doors).

Hmayor (desde la fosa).- Esto eso música; escuchá, boludo.

Padre (me habla con tono de disculpa, medio en voz baja).- A él le dice “boludo” (señalando al hijo menor). Y lo de mi viejo… Igual él nos abandonó a todos con mi vieja cuando yo tenía seis años y se fue y no lo vi más hasta que se enfermó. Y cuando se murió pensé cuánto tiempo antes tendría que haberlo buscado.

Hmenor.- Pero bueno, ya se murió. No sé de qué estábamos hablando y terminás con lo de la muerte de tu viejo.

Padre (a mí).- Lo que pasa es que empiezo a hilar una cosa con otra y me voy a carajo. Siempre me pasa lo mismo. El otro día me dijo eso una mina que enganché chateando por Facebook. “Hace dos horas que estamos acá y siempre te vas de un tema a otro”, me decía.

Yo.- Y, a veces pasa.

Hmenor.- A él le pasa siempre. Escuchá (seguían sonando los Doors). Otro que se murió joven, del club de los 27. Hendrix, Morrison, Janis Joplin, Kurt Cobain, el abuelo. Todos grossos.

Yo.- Brian Jones también (metí para intentar que no volviera el tema del abuelo, que parecía bastante impresionante).

Padre.- Che, no jodas con lo del abuelo, boludo. (A mí) Este está hecho un boludo.

El mayor salió del foso, limpiándose las manos con un trapo. Cambio de aceite, filtro de aire, filtro de aceite, nafta, todo listo. Mientras pagaba apareció Frank Zappa (en la tele, por supuesto) todos miramos pero nadie dijo nada. Llegó otro auto, el padre salió a recibirlo. Saludé a los tres, uno por uno, agradecí por la charla y me fui. Cuando estaba por subir al auto, el mayor me llamó. Volví unos pasos y me entregó un termo matero de medio litro con la publicidad de lubricantes Valvoline. “Tenemos dos o tres para los clientes”, dijo, sin perder la seriedad ni el gesto adusto. Todo un gesto.

Esta historia, seguramente, continuará en 5.000 kilómetros.

Armando Doria

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