Un largo adiós a mis elepés

Pero,  ¿cómo pueden pasar estas cosas? Hace unos días volví a advertir que tengo una bandeja (giradiscos) apoyada sobre el amplificador del equipo. Eso me pasa de vez en cuanto. “Uh, los discos”, me dije. Empecé a reflexionar acerca de los vinilos. Pensé en hacer algún video sobre el tema. Había pasado bastante tiempo desde la última vez que me senté a escuchar discos. Fui a buscarlos. “¿Viste los discos?”, le pregunté a Vero. No los había visto. Me resultó extraño no saber adónde buscar. Recorrí mentalmente la casa y no detecté la presencia de los discos. No podía ser una presencia inadvertida: unos 80 LP ocupan su espacio. Buscamos junto con Vero y nada. En un momento me asaltó una imagen estremecedora: los discos embolsados, listos para ser transportados, en el entrepiso de la casa de la cuál me mudé hace dos años. Sudor. Taquicardia. Los discos habían quedado en la otra casa, que, incluso, ya había cambiado de dueño. Todos mis discos afuera de mi vida. Chau. ¿Cómo es que quedaron ahí y nunca los cargué? ¿Qué otra prioridad me habrá distraído? ¿Habría quedado para un último viaje posterior que nunca ocurrió? Cuántas dudas.

Como un chiste, la primera imagen que se me cruzó por la cabeza fue la tapa de un disco de ABBA, “Voulez vous”, todo azul-celeste con la foto de los swedish four vestidos de fiesta. Cuando era chico lo ponía en el Winco y lo escuchábamos mientras mi vieja y mis hermanas preparaban la mesa navideña en Lomas de Zamora. A los pocos instantes apareció en mi cabeza “London calling”. “Porsuigieco”, que se escuchaba como el culo. “Queen”, el primero. Dos de The Who. Y, más tarde, una seguidilla de recuerdos que comenzaron a azotarme hasta el día de hoy… Discos que van apareciendo de a poco, para hacer más difícil el duelo. “Drugstore”, con 16 grandes éxitos del 1980; “27 top hits”, con todos los éxitos de 1982. Los Doors. Creedence. Los discos ingleses de Hendrix. Tres de Zeppellin. Cream. Sumo. Nirvana. The Police. Algunos de los primeros de los Roling. Qué sé yo, mejor no pensar más.

Después de una horas de tortura se me ocurrió que quizás había quedado alguno en la bandeja. No era consuelo, pero algo aportaba. ¡Y no va que había quedado uno puesto! Me entusiasmé y levanté lentamente la tapa acrílica que cubre la bandeja. Increible, era la banda de sonido de la película Star wars. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Todo bien con el bueno de John Williams y su banda de sonido que le puso música a muchos días de mi primera juventud, pero no quería encontrármelo ahí. Quería uno de George Harrison, los conciertos de Rachmaninoff, uno de Zitarrosa, uno de Troilo con Alberto Marino. ¡”Rubber Soul”, por favor! No, tenía que ser la banda de sonido de Star wars, la puta madre. ¡¿Y por qué carajo había puesto yo ese disco en la bandeja?!

Un poco difusos, los seguiré imaginando a mis discos en el Winco, dando vueltas como dan vueltas por mi presente la infancia y la adolescencia. Tengo el brazo gris plomo de la bandeja grabado en la memoria, la cápsula blanca, la perilla para cambiar de revoluciones. Click, click. Los discos en un portadisco de metal. La botella del líquido para limpiarlos, que no se acabada nunca.

Sé que la mayor parte de la música que contenían la tengo en mi computadora o en CD, pero los discos, los objetos, habían sido el primer contacto con la música y con ellos se fue una parte de mis detonadores de emociones. Eran una cosa concreta, no eran recuerdos, eran parte de la realidad que me acompañaba cuando me sentaba a escucharlos y mirar sus tapas. Ahora me siento un poco más virtual, todavía.

Armando Doria

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4 comentarios en “Un largo adiós a mis elepés

  1. Lamentable, Doria! Si te sirve de consuelo, un día –después de años de no usarlo porque ya tenía el reproductor de CD- enchufé mi tocadiscos a 220 y pum! olor a quemado… No me acordaba que requería transformador!!!

    A partir de ahí, los discos –que los tenía mi viejo- dejaron de preocuparme. Un día me llamó para preguntarme qué hacer con ellos y yo le “bicicletié” la respuesta mucho tiempo, lo más que pude. En aquel momento no tenía lugar para guardarlos.

    Hace relativamente poco me enteré que los regaló.

    Yo, al menos, los hubiera vendido por Mercadolibre.

    Abrazo

    G.

  2. bueno yo los tengo a todos en el cuartito de las porquerias, el de abba no esta pero varios de los que nombraste si , asique puedo hacer una donacion a la causa, (todos menos el de kenny roger y el de meteoro, por su puesto).besos! valentina

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